Tal como lo señala Colomé (2012) el movimiento 15-M o los
indignados en general surgen en España como respuesta a profundos
cuestionamientos a la forma en la que los altos dirigentes políticos están desarrollando
su labor. Sin embargo, este movimiento surge, a su vez, por las consecuencias
que la crisis económica del 2008 había dejado en España, es decir, la crisis
financiera en la que cientos de miles de personas perdieron sus empleos, sus
hogares e incluso sus ahorros dejó descontentos y miserables a la mayoría del
pueblo español.
De este modo, las consecuencias de la crisis se sumaron a
condiciones estructurales del sistema político español de modo que se gestó un
amplio descontento con múltiples puntos económicos, políticos y sociales. Como resultado,
otros movimientos altermundistas comenzaron su agencia en otras regiones del
mundo. Por ejemplo, el movimiento Occupy Wall Street toma en gran medida la estructura española de protesta y las
adapta a las dinámicas estadounidenses para, asimismo, protestar contra el sistema
neoliberal.
El contexto en el que surge este movimiento es caracterizado por
los reproches de los trabajadores a sus dirigentes, a razón de su
insensibilidad con la situación que estaban atravesando la mayoría de la
población española (Fontanet, 2011). Asimismo, las medidas implementadas por el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional fueron pretexto para
expresar el descontento generalizado hacia las inequidades intrínsecas de la
globalización.
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